Violencia: desesperación y miedo a la derrota electoral

#EjerciciodeOpinión | Por José Fuentes Santos

Lo acontecido en la colonia Insurgentes el pasado miércoles, es sin duda lo más indeseable para nuestra sociedad. La violencia no nos lleva a ningún lado más que al fracaso.  Los actores de esta violencia, quienes fueren, son solamente el reflejo de nuestra propia descomposición social. Echar culpas de quién provocó y quién respondió,  me parece que no es  lo prioritario, lo necesario a estas alturas de la campaña electoral, es asegurarnos todos, que ese lamentable suceso entre dos equipos de campaña, simpatizantes o militantes de dos partidos en contienda, no solo no se repita, sino contribuir para que no escale a un nivel mayor de violencia y pasión desmedida, sobre todo el día de las elecciones.

Y aunque las  reacciones inmediatas por todos los actores políticos, de todos los partidos, no se hizo esperar condenando la violencia electorera, vale y bien la pena, que en lo individual analicemos concienzudamente cada palabra, cada acción y reacción de los seguidores de esos  candidatos y sus partidos, ejercicio que nos permitiría  analizar a profundidad el verdadero objetivo que persiguen quienes tienen hoy el interés de gobernarnos o representarnos.

No cabe duda que no hay dicho mal dicho, y aquí, en estas lamentables circunstancias por lo acontecido, cae como anillo al dedo el que reza que existen dos cosas que no se pueden ocultar en la vida: el dinero y la pendejez. Como parte de la sociedad, lo deseable es tener políticos de altura, que privilegien la civilidad, la paz, la armonía y el respeto a nuestros derechos y libertades, sobre todo la tolerancia; pero es innegable que hay idiotas que no lo captan.

Quien hoy le apueste a la violencia, como en el caso de los candidatos de Morena y Movimiento Ciudadano  que se exhiben bélicos,  en primera instancia no quiere la democracia, no concibe la pluralidad y está alejado de la legalidad. Quien hoy siembra odio y propaga resentimiento en vez de ser propositivo, en vez de llamar a la seriedad y mostrar responsabilidad, se muestra frustrado, fracasado y resentido, no con los carmelitas, sino consigo mismos, pues saben perfectamente que no ama a su pueblo, son irrespetuosos con su gente y deshonran a sus familias.

El proceso electoral debe ser una fiesta democrática,  escenario para mostrar capacidades, visión, estrategia de contienda a buena lid, oportunidad de demostrar la calidad de sentimientos y no, como sucede en algunos,  el desfogue de traumas contenidos y de decepciones.

El llamado es a la cordura, a la mesura, a la tolerancia, a la civilidad… pues no deben de perder de vista que la tropa hace lo que el comandante ordena, sí en efecto, pero la rebelión nos da cuenta de la presencia de debilidad y falta de liderazgo.  Ante la violencia y la sinrazón por desbordamiento de la pasión, solo recordarles que no siempre gana quien más grita, a sus equipos recordarles que más vale un loco y no dos…  hermanos vayamos a la campaña en paz, que el proceso aún no ha terminado.  Nos vemos hasta la próxima.